Comercio y Justicia - Enero 2026
n verano se incrementan más de 20% estos delitos en las propiedades, lo que implica que cada vez más argentinos busquen alternativas confiables para resguardar bienes de alto valor mientras están fuera de su hogar, tendencia que viene registrando un crecimiento de más de 35%
En Argentina, la inseguridad se ha vuelto un tema cotidiano. Sin embargo, hay un delito particularmente doloroso porque apela a lo más íntimo: la confianza y la vulnerabilidad de los adultos mayores, el tristemente famoso “cuento del tío” donde las víctimas son en su mayoría jubilados que terminan entregando los ahorros de toda su vida.
Este segmento suele ser muy vulnerable también en época de vacaciones. De acuerdo a datos del Ministerio de Seguridad de la Nación, durante los meses de verano se registra un aumento promedio del 20% en los robos a viviendas en comparación con otros momentos del año. Este comportamiento estacional impulsa a que más familias y profesionales busquen alternativas confiables para resguardar bienes de alto valor mientras están fuera de su hogar.
Según Juan Piantoni, CEO de INGOT y Presidente de CAESACS (Cámara Argentina de Empresas de Servicio de Alquiler de Cajas de Seguridad), “Es habitual que muchos argentinos recurran a escondites domésticos para ocultar dinero u objetos importantes, aunque no siempre resultan seguros ni discretos. Entre los lugares más comunes se destacan las cajas caseras ocultas detrás de cuadros, bibliotecas, rejillas de ventilación, entre dobles fondos de placares, o incluso entierros en jardines y macetas”.
La mayoría de estos sitios, según especialistas, forman parte del repertorio habitual que los delincuentes conocen y revisan en caso de un robo domiciliario, lo que incrementa el riesgo. Si bien las personas jóvenes o adultos también son potenciales víctimas de entraderas, los adultos mayores tienen menos herramientas para defenderse, y el hecho de que sean personas que por historia y desconfianza en el sistema o por falta de acceso a la tecnología o a las nuevas tendencias, decidan resguardar el fruto de su vida laboral en su casa, genera un espacio propicio para el delincuente, que sabe, que analiza, que estudia a esa futura víctima indefensa.
“Tener valores guardados en el hogar es una invitación al delito. Los delincuentes lo saben y apuntan directamente a esa costumbre tan arraigada en generaciones que crecieron desconfiando de los bancos. Hoy, esa desconfianza se convierte en un riesgo. Aquí es donde vale la pena repensar los hábitos y hablar de alternativas más seguras. Una de ellas, tal vez la más lógica, es la utilización de cajas de seguridad en entidades bancarias o empresas especializadas. Estas ofrecen resguardo bajo estrictas medidas de seguridad, con vigilancia permanente, sistemas de alarmas y seguros que brindan respaldo frente a cualquier eventualidad”, remarcan desde INGOT.
Seguridad privada
En Argentina existen más de diez empresas privadas que ofrecen este servicio, más allá de los bancos. Según datos de la CAESACS (Cámara Argentina de Empresas de Servicio de Alquiler de Cajas de Seguridad), que nuclea a la mayoría de las empresas del sector, hubo un crecimiento del 35% en el último año en la demanda de alquiler de cajas de seguridad privadas en nuestro país y se espera un crecimiento del 40% para el próximo año.

“Contratar una caja de seguridad no resuelve la inestabilidad macroeconómica ni la inseguridad en las calles, pero sí aporta un alivio individual. Saber que los bienes más valiosos están en un espacio vigilado y profesionalmente custodiado reduce la ansiedad y permite encarar con más calma un escenario que, por lo demás, está plagado de incertidumbre”, remarcan desde la compañía.
“En definitiva, la proliferación de cajas de seguridad privadas es un síntoma de la época: un recurso al que cada vez más personas recurren y que se consolida como una alternativa dentro de lo que es la prestación del servicio, que ya dejó de ser algo innovador, pasó a ser ya un estándar de seguridad, de servicio y de tranquilidad para los usuarios”, concluyó Piantoni.
Cabe destacar que INGOT opera en Argentina desde 2019 y cuenta con siete sucursales: Casa Central en Av. Corrientes 629, CABA, donde se encuentra además la primera y única bóveda de arte del país; y también en Córdoba, Punta del Este, Nordelta, Flores, Quilmes y Olivos. En este rumbo, la empresa planea seguir su expansión por el interior del país el próximo año.

Sede cordobesa
En Córdoba, INGOT cuenta con una sucursal ubicada en Av. José María Eguía Zanón 9107, en la zona norte de la ciudad, la cual dispone de más de mil cajas automatizadas, sala de reuniones y permite operar las 24 horas.
“Nuestras bóvedas automatizadas cuentan con toda la seguridad requerida por el usuario y contempla nueve anillos de seguridad durante el proceso que realiza el cliente, que incluye puertas blindadas con sistema de esclusas – cerrojo, molinete de alta seguridad, detector de metales, puertas corredizas y reconocimiento biométrico de huella, rostro e iris, junto a ID y PIN personal. Proceso que demora unos minutos, agilizado con un sistema de turnos que permite que ningún cliente tenga demora para operar o se cruce con otras personas, cuidando así la privacidad y confidencialidad”, explica Piantoni.
Las bóvedas automatizadas pesan 16 toneladas, tienen sensores sísmicos integrados y están preparadas para ataques con oxicorte, punta de diamante y explosivos. Tienen un grado de certificación de resistencia antirrobo e incendio superior a las bóvedas tradicionales de hormigón reforzados que cuentan las entidades bancarias.