Llegan a la Argentina las bóvedas robotizadas de la mano de Ingot

iProfesional – 30 de marzo

La nueva instalación de Ingot cuenta con monitoreo las 24 horas y los últimos adelantos tecnológicos en seguridad. Los detalles

La tecnología transforma todos los negocios donde incursiona, entre ellos uno de los más tradicionales, el de los sistemas de resguardo de valores, cuyo principal exponente son las cajas de seguridad.

Ingot, la principal empresa que provee estos servicios por fuera de los bancos traerá a la Argentina las primeras bóvedas robotizadas del país.

Desde la empresa informaron a iProfesional que se trata de “la mayor innovación en sistemas de resguardo de valores, un sistema automatizado desarrollado en una bóveda de máxima seguridad“.

En ella el cliente interactúa en forma automática, sin la necesidad de interactuar con otra persona o empleado de la firma.

¿Qué diferencias y ventajas tienen para el cliente en comparación con las bóvedas tradicionales? “Mayor seguridad, mayor disponibilidad de horarios y días para operar”, respondieron desde la compañía.

Además, al operar solo logra un mayor cuidado frente a la pandemia del coronavirus, además de una mayor confidencialidad y menor tiempo de espera a tal punto que el reconocimiento facial detecta la falta de barbijo obligatorio para ingresar.

A partir de mayo Ingot contará con las dos primeras bóvedas automatizadas de América latina. La primera ya está operativa en el balneario uruguayo de Punta del Este bajo la marca Ström Ingot en el hotel Enjoy (ex Conrad).

La nueva bóveda robotizada estará en Nordelta, en el norte del Gran Buenos Aires, bajo la marca i24 by Ingot, donde el cliente podrá acceder las 24 horas los 365 días del año, y vivir una experiencia única.

Desde Ingot informaron que tienen previsto abrir un promedio de tres sucursales por año, gran parte de ellas bajo el formato automatizado.

Así podrán brindar un servicio de cercanía al usuario y ofrecer, como siempre, la mayor innovación en resguardo de valores, algo que hace que Ingot siempre esté a la vanguardia, mostrando el rumbo hacia dónde va el servicio, que otras compañías seguramente comenzarán a transitar.

Juan Piantoni es el fundador, presidente y CEO de Ingot. Pionero en el negocio, comenzó en el año 2012 a estudiar en profundidad el servicio de resguardo de valores en América latina, los Estados Unidos y Europa, sumado a su experiencia en el Citibank. 

Luego de una larga carrera profesional y desarrollo de varias empresas, decidió abocarse de lleno a desarrollar en la Argentina un servicio especializado, único hasta ese momento. En 2014 fundó junto con socios que lo acompañaron, la primera empresa de resguardo de valores 100% dedicada al servicio de alquiler de cajas de seguridad. En 2018, decidió dar un saldo de calidad y creo Ingot, marcando un nuevo hito en la región.

Piantoni afirma que el mercado seguirá creciendo, con la aparición de nuevos jugadores sobre todo fuera de Buenos Aires, donde la demanda del servicio es muy alta.

Se tomará así el lugar que van a ir dejando lentamente los bancos y generando un cambio cultural, sobre la importancia de elegir el lugar correcto a la hora de guardar los valores. Esto va más allá del monetario, cuidando así a las familias y la integridad de los hogares.

Es que por la recesión y la inestabilidad de la economía, cada vez más personas y empresas eligen erróneamente resguardar sus bienes físicos dentro de sus hogares y oficinas, una práctica que aumenta los riesgos por posibles robos, poniendo en peligro la integridad física de las personas.

Juan Piantoni, CEO de Ingot.

La custodia de esos valores, que pueden ir desde bienes monetarios, objetos de valor personal o familiar hasta obras de arte, impulsa el negocio de las cajas de seguridad, y la llegada de empresas privadas que compiten con la banca tradicional en esta actividad.

La pandemia del coronavirus “afectó el proceso de apertura de nuevas sucursales por cuestiones de imposibilidad de realizar obras civiles en los tiempos que teníamos previstos”, afirmaron desde Ingot.

Sin embargo, “logramos posicionarnos como la alternativa más seria y prestigiosa del mercado y hemos podido generar una fuerte penetración de la marca, lo cual no llena de satisfacción”, destacaron.

En Ingot evalúan que “la principal enseñanza” que dejó el 2020 es que “debemos estar preparados para afrontar sucesos que no teníamos previstos inicialmente, adecuar ciertos protocolos y enfocar más aun la comunicación a los canales digitales y no tradicionales.

Ingot intenta modificar el imaginario social que apunta a que el uso de las cajas de seguridad es para unos pocos, concepto que cuando se conoce el costo mensual de una caja, se entiende es erróneo y cuyo valor no supera a tantos otros gastos fijos que un individuo o grupo familiar suelen tener mensualmente.

Sin embargo, siguen con un objetivo claro: “Generar un cambio cultural para que las personas dejen de guardar sus valores (en el sentido amplio de la palabra) en sus hogares ‘debajo del colchón’, oficinas o comercios, lugares no preparados para tal fin”.

Las oficinas de Ingot se encuentran en la avenida Corrientes, a pocos metros de la esquina con la calle peatonal Florida. Desde la vereda no se observa nada especial que lo distinga de otros edificios de la City porteña.

Ingot tiene allí una superficie de 1.000 metros cuadrados, con cuatro bóvedas, dos de ellas destinadas al resguardo de diversos valores: una para clientes particulares y otra para empresas. En total aloja 2.000 cajas de seguridad, aunque hay espacio para llevar esa cifra a 6.000.

Para diferenciarse de la competencia, las otras dos bóvedas tienen propósitos especiales: el guardado de obras de arte (hasta unas 300); y la custodia de billeteras cripto con el formato de un pendrive para acceder a monedas digitales.

Los bancos en la Argentina y en el mundo no tienen como eje de negocio al guardado de valores sino que apuntan a la transacción y el cobro de comisiones y tasas.

Solo permiten el acceso a las cajas durante las horas de atención del banco, lo que significa que no es posible acceder a los valores guardados fuera del horario bancario o durante los fines de semana, mientras que en Ingot duplican el horario de atención que ofrecen las entidades bancarias.

A diferencia de los bancos, donde las cajas de seguridad es uno más de varios negocios, en Ingot se especializan en alquiler de cajas de seguridad, el único servicio que brinda, por lo que todo el foco y los recursos están destinados a dar el mejor servicio y la mayor seguridad.

Ingot ofrece un horario extendido de lunes a viernes de 9.30 a 18.30 y los sábados de 10.00 a 14.00, además de salas de reuniones cómodas y seguras, que incluyen máquinas contadoras de billetes y servicio de cafetería. Y una cuestión vital: privacidad y confidencialidad, características que los bancos no pueden garantizar en niveles altos, a la luz de las frecuentes “salideras” bancarias. Todo al mismo precio que el promedio del sistema bancario para este servicio.

La instalación de Ingot cuenta con monitoreo las 24 horas, molinetes de alta seguridad, lector de huellas, escáner biométrico de rostro e iris, detectores de movimiento, paredes de acero reforzado en las bóvedas e ingresos, ascensor privado, sala de espera individual, amplias salas de escrituras y vigilancia las 24 horas los 365 días del año. En total son nueve los niveles de accesos. En los bancos hay sólo dos: la puerta de la bóveda y del cofre.

Los plazos de contratación pueden pactarse por unos pocos días, mientras que en los bancos los contratos suelen tener un año mínimo de duración sumado a la falta de disponibilidad.

Para estar a tono con los tiempos, Ingot ofrece una aplicación con un semáforo que indica si hay demora para acceder a las bóvedas y la posibilidad de realizar reservas de salas o cajas a través de esta.

Realmente, una experiencia presencial que no se puede dejar de conocer.

Contra robos y asaltos: De cofres a criptomonedas, cinco métodos efectivos para proteger los dólares que están en el “colchón”

Clarín – 8 de marzo

Muchos por temor se llevaron sus ahorros de los bancos, pero dejarlos en el hogar es riesgoso. Las opciones de resguardo y sus costos.

Alquilar cajas fuertes es una de las opciones, pero puede resultar costoso. Foto Ingot

Décadas de crisis económicas recurrentes con devaluaciones, cepos cambiarios, corralitos y pesificaciones dejaron su marca. Para ahorrar, se sabe, los argentinos quieren dólares. Y por temor, evitan tenerlos depositados en cuentas bancarias o corren a retirarlos apenas el clima se enrarece, como ocurrió tras las PASO de 2019.

¿Pero a dónde se guarda todo ese dinero? Tal es la desconfianza que, pese a ser la inseguridad el segundo tema que más preocupa (después de la inflación) según los sondeos, muchos prefieren esconder en su hogar los ahorros de toda la vida. “Bajo el colchón”, como se dice. Aun a riesgo de perderlo todo si entran ladrones.

Otros ahorristas, más precavidos, llevan los fondos al exterior. O los dejan en el país, pero pagan por tenerlos protegidos con diversas estrategias, que van desde el clásico alquiler de cajas fuertes hasta la compra de cofres hogareños en combinación con servicios de alarmas.

Pero hay más. Como novedad, ahora muchos incluso empiezan a cambiar sus billetes verdes por “dólares digitales”: criptomonedas que -a diferencia del bitcoin- tienen una cotización muy estable. Y que, por su naturaleza, no corren riesgo de ser robadas ni quedar en “corralitos”.

¿Cómo funcionan y cuáles son los costos de cada uno de estos métodos para proteger los ahorros que están fuera de las cuentas bancarias? A continuación, caso por caso, una guía con todo lo que se necesita saber:

El dólar, la moneda de ahorro por excelencia para los argentinos. Foto Xinhua

1. Cajas de seguridad bancarias

La opción más conocida y elegida son las cajas de seguridad bancarias, esos pequeños cofres blindados que están dentro de los tesoros de las sucursales y que los clientes pueden usar para guardar lo que deseen, pagando un alquiler.

Muchos las contratan por comodidad, ya que mandan a su caja de caja de ahorro los dólares que van comprando por home banking o en la Bolsa, un día van a retirarlos por ventanilla y pueden al instante dejarlos en su cofre dentro de la misma sucursal.

Para los ahorristas, el mayor atractivo es que el dinero no sólo queda a salvo de los ladrones, con custodia permanente, sino también de eventuales “corralitos” y fuera de la mirada del fisco.

El contenido de una caja de seguridad es privado (no se debe declarar) y sólo un juez puede ordenar su apertura. Además, quien contrata puede autorizarle el acceso a distintos familiares con copias de la llave.

Tras las PASO DE 2019, la gente hizo colas en los bancos para retirar sus dólares. La corrida luego se calmó, pero casi todo lo extraído quedó en el "colchón". (Foto: Juano Tesone/Archivo)

El mayor problema de este sistema, en los últimos años, pasó a ser la dificultad de encontrar cajas libres. Primero, porque no todas las sucursales tienen cajas. Segundo, porque donde sí hay la disponibilidad es muy baja, en especial la de cajas chicas y medianas (las más accesibles). En muchos casos hay listas de espera. Se estima que los bancos, en todo el país, tienen unas 800 mil cajas de seguridad y que la gran mayoría está en uso.

Igualmente, buscando, es posible conseguir. Lo que suelen pedir las entidades es que quien contrata sea cliente y tenga una mínima antigüedad (por ejemplo, de un año). Además, mientras unas aceptan el alquiler y el pago por mes, otras exigen abonar al menos un trimestre, un semestre o un año enteros.

Las cajas de seguridad de los bancos suelen tener 40 a 60 cm de profundidad, y luego las tarifas varían función del alto y el largo. Las pequeñas (10x15x60 cm) hoy pueden alquilarse por entre $ 1.800 y $ 2.200 al mes; las medianas (20x30x60 cm) pueden ir de $ 2.500 a $ 5.000. Y las más grandes, superar los $ 10 mil, según relevó Clarín.

En el Banco Ciudad, por ejemplo, contaron que hoy están con un 80% de las cajas ocupadas. “Las sucursales del Microcentro porteño tienen la mayor demanda, pero aún hay disponibilidad. Y ahora con la pandemia, que la gente se mueve más por los barrios donde reside, tenemos menos disponibilidad en las sucursales barriales. Algo similar ocurre en la Ciudad de Córdoba, donde aún tenemos disponibilidad en pleno centro”, explicaron a Clarín.

En esa entidad los pagos de las cajas son anuales y por adelantado, con tarifas de $ 23.993 a $ 27.551 finales para las más chicas, de $ 36.314 para las medianas y a partir de $ 49.124 para las más grandes.

2. Cajas de seguridad no bancarias

También hay empresas no bancarias que se especializan la construcción de edificios híper vigilados llenos de cajas para guardar valores, que ofrecen en alquiler.

El atractivo diferencial son medidas extra de seguridad (como la identificación biométrica), seguros con mayor cobertura, contrataciones más flexibles (mensuales y hasta por días u horas) y la chance de acceder a lo que se guarda en muy amplios horarios, incluso en fines de semana.

Las empresas no bancarias que ofrecen cajas de seguridad también registran altos niveles de demanda y ocupación. Foto Hausler

A cambio, los costos pueden ser algo más altos que los bancarios. Pero, igualmente, también en estos locales hay alta demanda y puede costar conseguir un cofre. 

“Hoy tenemos sucursales al límite de su ocupación total (como la del Microcentro), otras en un 90% (la de Belgrano), y la de Pilar, que tambien ofrece cajas más grandes, demandada en un 80% al igual que la de Córdoba Capital”, contó a Clarín Jorge Gatto, CEO de Hausler.

“Vamos a abrir tres nuevas sucursales en la primera mitad del año, y un total de 10 más en los próximos 12 meses. Convivirán algunas tradicionales con otras robotizadas”, añadió. Esa firma hoy ofrece cofres chicos, de 10x15x60 cm, desde $ 2.500 al mes.

En el caso de Ingot, otra empresa del rubro que viene sumando 120 clientes nuevos por mes, las cajas de esa medida cuestan $ 2.121 mensuales al firmar un contrato anual ($ 25.458 en total).

Por fuera de los bancos, el uso cofres en bóvedas ultravigiladas demanda pagar alquileres de más de $ 2.100. Foto Ingot

Ellos tienen una nueva sucursal en el Centro porteño donde aún tienen disponibilidad en todos los tamaños; y están por abrir dos locales de acá a agosto -uno en Zona Norte y otro en una capital provincial- que darán atención 24 horas.

Nuestro principal competidor es el ‘colchón’, y eso sólo tiene una justificación cultural y por la falta de conocimiento y conciencia en seguridad. El servicio es accesible para todos aquellos que tienen valores que guardar”, comentó a Clarín Juan Piantoni, el CEO de Ingot.

3. Cajas fuertes hogareñas

Entre tener los ahorros simplemente “bajo el colchón” y llevarlos a una caja de seguridad -bancaria o no bancaria- hay una opción intermedia: guardarlos dentro del hogar, pero en una caja fuerte.

En este caso, la efectividad del método dependerá de la resistencia del cofre que se pueda comprar y también del ingenio para instalarlo lo más oculto posible -en lugares inesperados– y fijarlo firmemente. Todo para que a los ladrones llevarse el botín no les resulte tan sencillo.

Las cajas de seguridad hogareñas se suelen instalar dentro de armarios o empotradas en lugares ocultos. Foto Prosegur

Actualmente, una caja fuerte chica básica reforzada y electrónica de 23x17x17 cm, con teclado numérico, se consigue a $ 3.500. Una similar pero mediana, de 31x20x20, puede salir $ 4.900. Y una más grande, de 38x33x31, se ofrece a $ 6.000.

4. Alarmas monitoreadas

Si una caja fuerte puede dificultar y demorar la tarea de los delincuentes, el complemento ideal puede ser un servicio de alarma monitoreada que, ante un intento de robo, llame de inmediato a la Policía.

Las empresas del rubro (como ADT, Prosegur o LoJack y otras) disponen de opciones y precios muy variados. Pero lo que siempre hay que prever es un costo inicial de instalación y luego pagos mensuales por el servicio de monitoreo y asistencia.

En el caso de Prosegur, incluso ofrece un servicio especial para proteger valores en hogares: una caja de seguridad monitoreada que se conecta a la alarma de la vivienda y alerta al cliente y a la Policía ante cualquier intento de robo.

Así son los cofres monitoreados que ofrece la empresa Prosegur

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.¿Cuánto cuesta? En esta empresa, lo primero que se necesita para contratarlo es contar con el servicio de alarma monitoreada.

Para tener el básico, que incluye tres sensores (uno con cámara y dos sin), el kit inicial sale $ 31.827 y luego el abono es de $ 1.851 al mes. Para una cobertura más completa, el kit con tres detectores y una cámara monitoreada exige una inversión inicial de $ 57.958 para luego pagar un abono de $ 2.964 mensuales.

Con esto instalado, por la instalación del cofre especial se deben pagar $ 9.922 y el servicio de monitoreo le sumará cada mes al abono $ 423, precisaron en Prosegur.

“La caja -explicaron- permanece conectada aunque la alarma esté desactivada y, en caso de una entradera, se podrá colocar un código especial que dará aviso mediante una señal silenciosa a Prosegur. Además detecta intentos de sabotaje y la apertura y cierre de la puerta.”

5. Cambiar los dólares por "criptodólares"

Finalmente, entre las opciones para proteger los dólares que hoy están en el “colchón”, la más novedosa y sofisticada es una que vuelve innecesario gastar dinero en mantener billetes a salvo de los ladrones.

Es que la propuesta consiste, justamente, en dejar de guardar billetes. Se trata de comprar con ellos criptomonedas de cotización estable y conservarlas.

En otras palabras, cambiar dólares por “criptodólares”: unos activos 100% digitales que quedan protegidos por contraseñas en una red global descentralizada basada en el sistema blockchain, y que pueden convertirse de nuevo a billetes en cualquier momento con una operación inversa a la inicial (una venta).

Aunque el bitcoin es la criptomoneda más conocida, existen miles de ellas y no todas tienen grandes altibajos en su cotización.

Comprar bitcoins, la criptomoneda más famosa, no sirve para este objetivo porque su cotización es muy fluctuante. Las que se utilizan son las llamadas “stablecoins” (criptomonedas estables), que se caracterizan por mantenerse siempre en paridad 1 a 1 con el dólar o con alguna otra moneda fuerte tradicional.

“Las stablecoins representan una gran alternativa que está creciendo entre los ahorristas, dado que brindan un resguardo ante la volatilidad de otros activos tradicionales y hasta del mismo bitcoin. También crece su uso para realizar transferencias o pagos internacionales, y esto se debe a que su precio no varía, a que su costo de transacción es bajo y a que pueden transferirse en minutos sin intervención de ninguna entidad financiera”, contó a Clarín Guido Quaranta, cofundador y CEO de SeSocio.

Esa es una de las plataformas a través de las cuales, en la Argentina, hoy se puede abrir una “billetera cripto” para comprar stablecoins depositando pesos o dólares, tenerlos ahorrarlos todo el tiempo que se desee y luego venderlos para volver a obtener moneda tradicional. Otras “casas de cambio digitales” que admiten esta la operatoria son Ripio, Satoshi Tango, Bitso y Buenbit.

“Para invertir en stablecoins no hay montos mínimos ni se necesita ser un experto. Además, tenerlos en la cuenta no tiene un costo de mantenimiento. Sólo se paga una comisión al transaccionarlo o al venderlo para retirar los dólares”, comentó Quaranta.

Las criptomonedas hoy pueden adquirirse en pocos minutos usando "billeteras cripto" sin necesidad de ser experto en el tema.

Una de las stablecoins más utilizadas es el DAI, una criptomoneda que siempre valió y valdrá lo mismo que un dólar estadounidense, porque así está programado el sistema que lo emite siempre con un respaldo en otros activos digitales.

Otra muy reconocida es el USD Coin (USDC) cuyos emisores son dos grandes compañías del sector (Coinbase y Circle) que garantizan que, por cada unidad que circula, existe un dólar real en una cuenta bancaria. Cuenta que es auditada permanentemente por distintos actores, entre ellos entidades financieras tradicionales.

Estas y otras stablecoins valen como dólares, pero no lo son. De ahí otro de sus atractivos: al comprarlas no se aplican los topes ni los recargos que sí rigen al comprar dólares verdaderos en cualquier banco en el marco del cepo cambiario.

Además, con esta inversión, los ahorros en dólares, en vez de mantenerse quietos e improductivos en una caja fuerte, pueden ser invertidos fácilmente para lograr ganancias en dólares. 

A través de las “billeteras cripto” cualquier persona puede usar sus ahorros para comprar stablecoins en unos pocos minutos.

¿Cómo se hace? Primero hay que registrarse. Luego, ingresar los dólares o pesos que se van a invertir, lo que puede hacerse en general por transferencia desde una cuenta bancaria o una billetera virtual como Mercado Pago, y en algunos casos hasta con depósitos en efectivo. Cuando los fondos se acreditan, ya se pueden ser convertidos en DAI o USDC con unos pocos clics, al igual que como se compran los bitcoins y cualquier otra criptomoneda.